

Conseguir una foto de Rosario Torres ha sido una empresa harto difícil. Es como si Rosario no hubiera existido nunca, ya que el franquismo la enterró físicamente e hizo todo lo posible para borrar su memoria. La desmemoriada Transición Democrática nada hizo para recuperar a las grandes figuras que habían luchado por una España más justa y más democrática, en una época en la que más de la mitad de la población era pobre de solemnidad y pasaba hambre. Con ese silencio, la Transición permitió que siguieran vivas todas las mentiras que el Franquismo impuso durante 40 años.
Rosario había nacido en La Puebla de Almoradiel (Toledo) el año 1904, en el seno de una familia de peones camineros. Su desarrollada inteligencia propició que siempre se esforzara en mejorar su nivel educativo, viviendo para ello algún tiempo en Madrid. Durante la República, Rosario conoció a Gregorio Gallego, natural de El Toboso y miembro de la acomodada familia de los Botines, cuyo padre militaba en Izquierda Republicana, el partido fundado por Azaña. Ambos, Rosario y Gregorio, militaban en el PCE, convirtiéndose en dos de los principales y más activos dirigentes comarcales de este partido. Gregorio, además, durante la guerra civil, fue uno de los principales líderes de la poderosa UGT de Quintanar. Ahora bien, esta frenética actividad los puso en el ojo del huracán y al terminar la guerra los vencedores fueron a su caza y captura, organizando para ello una auténtica cacería, aunque no se tratara de animales sino de seres humanos.
Rosario fue detenida en la casa familiar, situada en la calle San Francisco de Quintanar, el 28 de marzo del 39, mientras que Gregorio lo fue como consecuencia del intenso rastreo realizado en toda la Comarca a raíz de la fuga de José Manzanero, y otros trece presos, de la Cárcel de Quintanar, el 10 de noviembre de 1939. Gregorio estaba escondido desde finales de marzo. Al principio en El Toboso y desde septiembre en la casa de los peones camineros situada en la carretera de Quintanar a La Puebla, residencia de los padres de Rosario, su mujer. Desde esta casa fue conducido a la antigua bodega de los Pi, (calle Pizarro / carretera Villanueva) reconvertida en prisión, aunque no llegó a tiempo de ver a su esposa, ya que ésta había sido fusilada el 25 de octubre, por la tarde. De la bodega de los Pi fue trasladado a la cárcel de la calle Princesa y de aquí fue llevado a la Prisión de Ocaña el 21 de diciembre de 1940, siendo fusilado en el cementerio de esta última localidad unos meses después. Durante 1939, también habían sido fusilados, en el cementerio de Quintanar, el único hermano varón, Manuel, y el padre de Gregorio, Ángel, fusilados el 20 de junio y el 17 de noviembre, respectivamente.
Los dos hijos de Gregorio y Rosario, de corta edad, Roger (1935) y Lina (1938), se quedaron huérfanos de padre y madre, pero esto poco importó a los “humanitarios” vencedores de la Guerra Civil.
(Extraido de la página Memoria Republicana)